Pides tres presupuestos para la web de tu restaurante y te llegan tres números que no se parecen en nada: uno de unos cientos de euros, otro de un par de miles y otro que se va a cinco cifras. La reacción normal es pensar que alguien te está intentando timar. La realidad es menos dramática: los tres te están vendiendo cosas distintas, y ninguno te lo ha explicado.
Este artículo es esa explicación. Al final vas a poder mirar cualquier presupuesto y saber por qué cuesta lo que cuesta — y qué partidas deberías tachar.
Las tres cosas que de verdad mueven el precio
No es el número de páginas. Nunca ha sido el número de páginas. Es esto:
1. Cuánto contenido hay que crear desde cero
Una web de restaurante vive de las fotos. Si tienes fotografía profesional de los platos y del local, y los textos de la carta están escritos, el proyecto avanza rápido. Si hay que organizar una sesión de fotos, redactar la historia del sitio y ordenar una carta que ahora mismo solo existe en un PDF de hace dos años, eso es trabajo real y se paga. También es, con diferencia, lo que más retrasa las entregas.
2. Qué tiene que hacer la web, no solo qué tiene que enseñar
Aquí está el salto de precio grande. No es lo mismo una web que informa (dónde estás, qué cocinas, cómo reservar por teléfono) que una que trabaja: reservas conectadas a tu agenda real, carta que actualizas tú desde el móvil, pedidos para recoger, pagos, o avisos automáticos a cocina. Cada una de esas piezas es una integración con otro sistema, y cada integración es horas.
3. Cuánto diseño propio lleva
Hay restaurantes que necesitan transmitir algo muy concreto — un gastronómico, un sitio con una identidad fuerte — y hay otros a los que les sirve perfectamente un patrón bien resuelto y bien ejecutado. Los dos caminos son legítimos. Lo que no es legítimo es cobrarte diseño a medida y entregarte una plantilla con tu logo encima.
El coste que no aparece en ningún presupuesto: las comisiones
Aquí es donde la mayoría de los restaurantes pierden dinero sin verlo. Los portales de reservas y las plataformas de reparto cobran un porcentaje por pedido o una cantidad por cubierto reservado. Cada uno tiene sus condiciones, y la única cifra que importa es la tuya.
Haz esta cuenta, tarda dos minutos:
- Coge lo que pagaste en comisiones el año pasado. Está en tus facturas.
- Divídelo entre doce. Ese es tu coste mensual por depender de otros.
- Compáralo con lo que te piden por una web propia con reservas.
En muchos restaurantes, la web se paga sola con las comisiones de unos pocos meses. Y ojo: esto no significa irse de los portales. Los portales traen clientes nuevos, que es justo lo que tu web sola no hace. La jugada inteligente es otra — quedarte con los repetidores. Quien ya te conoce y va a volver no necesita un intermediario, y ahí es donde está tu margen.
Qué debería incluir cualquier presupuesto digno
Independientemente del precio, hay cosas que no son extras. Son hacer el trabajo bien:
- Carta editable por ti. Cambias precios, quitas un plato agotado y añades el menú del día sin llamar a nadie.
- Que se vea perfecta en móvil. La mayoría de la gente te busca desde el móvil, con hambre y con prisa.
- Velocidad. Si tarda más de dos o tres segundos en cargar, has perdido a una parte de quien entró.
- Botón de cómo llegar y de llamar. Suena obvio. Falla más de lo que crees.
- Ficha de Google conectada. Tu horario, tus fotos y tus reseñas donde la gente realmente busca dónde comer.
- Dominio y alojamiento a tu nombre. No al de la agencia. Esto es tu dirección, no la suya.
Qué no deberías estar pagando
Cuatro señales de alarma que aparecen constantemente en los presupuestos que nos enseñan los clientes:
- Cuota mensual por seguir usando tu web. Pagar dominio y alojamiento es normal. Pagar un alquiler indefinido por algo que ya compraste, no. Pregunta siempre: ¿qué pasa con mi web el día que deje de pagaros? La respuesta lo dice todo.
- Cobrar por cada cambio de carta. Un restaurante cambia la carta. Es su naturaleza. Si cada cambio es una factura, en seis meses tendrás la web desactualizada.
- El dominio a nombre de la agencia. Es tu marca. Que esté registrado a nombre de otro te convierte en rehén.
- Plantilla vendida como diseño a medida. Se detecta en dos minutos: busca en Google otros restaurantes de esa agencia y compara. Si son la misma web con otras fotos, ya lo sabes.
Cómo saber cuánto te compensa gastar
La pregunta correcta no es "¿cuánto cuesta?" sino "¿a partir de cuándo se paga sola?". Y tiene una fórmula sencilla:
Ticket medio × reservas nuevas al mes que traiga la web = lo que te devuelve cada mes.
Si tu ticket medio son 30 € y la web te trae ocho reservas de dos personas al mes que antes no tenías, son 480 € mensuales. Súmale lo que te ahorras en comisiones de los repetidores que ahora reservan directo. Con ese número ya puedes decidir si un presupuesto es caro o barato — y no antes.
Lo mismo aplica al tiempo: si actualizar la carta te cuesta hoy dos llamadas y una semana de espera, multiplica eso por las veces que la cambias al año. También es dinero, aunque no salga en una factura.
Entonces, ¿cuánto cuesta?
Con todo lo anterior sobre la mesa, la respuesta honesta es que depende de cuál de estas tres seas:
- Necesitas existir. Web sencilla, carta, fotos, cómo llegar y reservar por teléfono o WhatsApp. Es el escalón más económico y para muchos sitios es suficiente.
- Necesitas que reserven solos. Añade reservas conectadas a tu agenda, gestión de mesas y confirmaciones automáticas. Sube de precio, pero es lo que quita comisiones.
- Necesitas vender. Pedidos para recoger o llevar, pagos, clientes registrados, promociones. Es un proyecto de otro orden, y solo tiene sentido si el volumen lo justifica.
Nosotros damos precio cerrado después de una conversación de media hora, porque hasta que no sabemos en cuál de los tres casos estás, cualquier número sería inventado. Puedes ver cómo enfocamos el trabajo con restaurantes en nuestra página de soluciones para restaurantes, y qué entendemos por una web bien hecha en general.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto cuesta una web para un restaurante?
El rango real en España va aproximadamente de unos cientos de euros por una web sencilla de una página a varios miles por una con reservas, pedidos y pagos integrados. Lo que mueve el precio no es el número de páginas: es cuánto contenido hay que crear desde cero, con cuántos sistemas se conecta y cuánto diseño propio lleva. Un presupuesto serio te da el número exacto después de mirar tu caso, no antes.
¿Me sale más barato una plantilla o un creador de webs?
De entrada sí, y para algunos negocios es suficiente. El problema aparece cuando quieres algo que la plantilla no hace: conectar tu carta con tu TPV, quitar la marca del creador, mejorar la velocidad o cambiar la estructura. Ahí acabas pagando dos veces. Como regla: si solo necesitas presencia y no vas a crecer digitalmente, el creador vale; si la web tiene que trabajar, no.
¿Cuánto tarda en estar publicada?
Entre dos y cuatro semanas para una web de restaurante estándar, contando desde que están las fotos y los textos. Lo que retrasa los proyectos casi nunca es programar: es esperar al contenido. Si ya tienes fotos profesionales de los platos, vas con medio camino hecho.
¿Puedo cambiar yo la carta y los precios?
Debería ser innegociable. Un restaurante cambia la carta por temporada, sube precios y agota platos: si para eso tienes que llamar a alguien y pagar, la web se queda desactualizada en tres meses. Pide expresamente que la carta sea editable por ti antes de firmar nada.
¿La web me quita las comisiones de los portales de reservas?
No de golpe, pero cambia el reparto. Cada reserva que entra por tu web es una reserva sin comisión. Muchos restaurantes mantienen el portal para captar clientes nuevos y empujan a los repetidores hacia su propia web, que es donde está el margen. Mira tu factura de comisiones de los últimos doce meses y sabrás cuánto te juegas.
¿Y el mantenimiento? ¿Hay cuota mensual?
Dominio y alojamiento sí tienen coste, pero es pequeño y va a tu nombre. Lo que no es normal es pagar una cuota mensual solo por seguir usando una web que ya pagaste, ni que te cobren cada cambio de carta. Si un presupuesto incluye eso, pregunta exactamente qué pasa con tu web el día que dejes de pagar.
¿Cuánto costaría la web de tu restaurante?
Cuéntanos qué tienes ahora y qué te gustaría poder hacer tú mismo. Te damos precio cerrado y fecha, sin compromiso.
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